Cuba: la seguridad de estar seguros en la tercera edad.

Publicado: 26 enero, 2015 de elcabecilladeflorida en Deporte, Política nacional, Salud, Sociedad y cambios, Variadas

SAM_1176Cada mediodía el floridano Ricardo José Sánchez Heredia llega hasta el local habilitado en su barrio para recibir allí, cómodamente sentado y bien atendido, el servicio de alimentación que el gobierno cubano garantiza a miles de personas de avanzada edad sin amparo filial o con marcada desventaja social.

Poco antes del almuerzo, ese mismo anciano de 78 años de edad se reúne con otros de su mismo grupo etáreo para realizar ejercicios físicos en el Círculo de abuelos de su zona de residencia, donde el especialista en deporte, educación física y recreación junto al médico o la enfermera de la familia vigilan el estado de salud y la calidad de vida de cada integrante…

la enfermera y el medico de la familia acompañan la vida y la salud de  los ancianos en Cuba

la enfermera y el medico de la familia acompañan la vida y la salud de los ancianos en Cuba

Ricardo, o “El Viejo Pepe” como también se le conoce entre sus vecinos, se jubiló satisfecho desde hace 18 años en su profesión de maestro, y en todo este tiempo nunca dejó de recibir su chequera, cuyo monto se incrementó en varias ocasiones por decisión del Estado.

También llegó hasta su vivienda de forma sistemática la visita de la trabajadora social encargada de vigilar su forma de vida, sus carencias y sus necesidades de medicamentos y otras demandas urgentes o a largo plazo.

Al igual que el viejo Pepe son cientos y cientos los floridanos que se benefician aquí de los programas de seguridad y asistencia social impulsados y amparados por el Gobierno, bajo el principio martiano de fabricar una patria “con todos y para el bien de todos”…

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la alimentacion es una garantía para los ancianos en las casas de abuelos, hogares y comedores que atienden este segmento poblacional en Florida

Garantías de alimentación a precios subsidiados para los adultos mayores en condiciones físicas o familiares desfavorables, entrega de módulos de aseo, equipos electrodomésticos y otros recursos a pacientes encamados, incontinentes, postrados o con trastornos mentales, protección nutricional gratuita para niños de bajo peso, venta de dietas alimenticias a embarazadas y enfermos crónicos, además de miles de pesos con destino a la rehabilitación y el mejor confort en las casa de abuelos y los hogares de ancianos se pueden comprobar aquí…

Es justo y oportuno hablar también de la ayuda financiera del Ministerio de Trabajo a los núcleos familiares con ingresos muy por debajo de la media salarial y de la entrega de subsidios para la construcción de viviendas cuyo monto puede sobrepasar incluso los 60 000 pesos.

Son estos algunos ejemplos de entre los muchos que refuerzan en Cuba, en Florida, en la comunidad y casa de Ricardo, en cada barrio, la Política Social del Partido Comunista y de la Revolución que ordena brindar especial atención al estudio y la implementación de estrategias para enfrentar el envejecimiento de una población que logra una expectativa de vida superior a los 78 años, gracias a las conquistas del socialismo en un país pobre y acosado por el imperio yanqui durante diez lustros.

Falta mucho por hacer todavía en beneficio de la Tercera Edad y del resto de los segmentos poblacionales, pero se puede asegurar sin dudas como un privilegio: ser anciano y vivir en Cuba… Preguntemos si no a los 11 000 jubilados con todos los derechos de aquí, o a los millones que fallecen o se suicidan en otros países más ricos por falta de asistencia medica, por el desamparo de sus gobiernos, o por causa de los sistemas capitalistas o neoliberales que desechan incluso a los seres humanos cuando dejan de ser útiles para la obtención de ganancias.

Los derechos de la ancianidad en esta isla soberana y rebelde se consagran en la constitución de la República de Cuba cuando en el artículo 48 de la Carta Magna  se establece “que el Estado protege a los ancianos sin recursos   ni amparo filial, y a cualquier otra persona no apta para el trabajo y carezca de familiares en condiciones de prestarle ayuda.

Solo por estas realidades valdría la pena vivir o morir defendiendo el socialismo y la independencia de la patria nacida de la voluntad y el sacrificio de varias generaciones de sus mejores hijos.

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