Cuba-EE.UU.: ilusiones bien definidas.

Publicado: 4 julio, 2015 de elcabecilladeflorida en Histórico, Internacionales, Política nacional, Sociedad y cambios, Variadas

CUBA USALa buena nueva del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y el vecino país de Estados Unidos sin duda constituyó un terremoto no solo informativo en todo el mundo sino además, una excelente noticia para la mayoría de los compatriotas de adentro y fuera de la isla.

Sin embargo no todas las miradas y sentimientos interpretan este paso de igual forma, y siempre resultará imprescindible poner cada punto en su lugar, con el propósito de descartar incomprensiones, mal entendidos y desilusiones con respecto a lo que pueda venir en el futuro.

No me cabría el papel de aguafiestas si ante todo me declaro satisfecho por los pasos que se vienen dando a favor de la posible normalización de unas relaciones rotas desde hace más de medio siglo, fundamentalmente por causa de la tozudez y el empecinamiento colonial de los sucesivos gobiernos estadounidenses anteriores a Barack Obama.

Celebraciones aparte, es bueno recordar a quienes festejan en todo el planeta,- con fuertes razones, lo reconozco,- la reapertura de embajadas mutuas en Cuba y Estados Unidos, que un gran por ciento de los residentes en la isla se mantienen alertas sobre los pasos y reales propósitos de la nación del norte en ese empeño. Cinco generaciones que vivieron, padecieron y sufren hasta este minuto el dolor de un bloqueo económico, comercial y financiero brutal, impuesto por la Casa Blanca, no es tan fácil convencerlas, -sin que antes se materialicen actos favorables, limpios y amistosos de por medio- de la buena voluntad repentina de aquellos que agredieron a este pueblo por todas las vías y aún defienden la permanencia de su política hostil y persecutoria.

No obstante, el actual inquilino de la Oficina Oval se ganó el respeto de los nacidos en esta isla por su acto de valentía al enfrentar más de Medio siglo de inmovilidad entre dos naciones hasta ayer enemigas, a una mafia que siempre vivió del negocio de la contrarrevolución en la Florida y a intereses contrarios al pueblo norteamericano representados en el Congreso federal.

Con ese voto de confianza, pero sin  fe ciega, en lo adelante será preciso incrementar, en cualquier espacio, el debate sobre cuanto se juega la nación cubana en la aceptación de las nuevas relaciones con el poderoso vecino. El gobierno y la mayoría de la sociedad de aquí confiamos en nuestra cultura política, y en esa voluntad de resistencia común, forjada por años de lucha en defensa de las conquistas del socialismo.

Tal verdad, sin embargo, No puede constituirse en el único escudo. A quienes miran hacia la bandera de las barras y las estrellas esperando de brazos cruzados la llegada del Cuerno de la abundancia sin esfuerzo alguno hay que despertarlos de un sueño que podría conducir al desastre. El Presidente cubano Raúl Castro así lo definió con claridad en varios momentos previos a lo alcanzado en las conversaciones bilaterales: NO cederemos ni un paso en la soberanía, la independencia y la dignidad de la moción.

Aún cuando alcancemos relaciones de intercambio cercanas a lo deseado, los cubanos debemos trabajar por nosotros mismos en el desarrollo económico y social del país sobre la base de los Lineamientos del Partido y la Revolución, y en el fortalecimiento del sistema político que nos trajo hasta el presente, y cuyos fundamentos democráticos nos presentan hoy “de pie” ante aquellos que siempre nos quisieron de rodillas y con la mano extendida.

Si ahora se habla de sedes diplomáticas y de levantamiento del bloqueo en las altas esferas de Washington No es por caridad ni por una vocación altruista no más: se trata del reconocimiento al prestigio de Cuba entre los pueblos del planeta por su lealtad a los principios, la solidaridad de nuestra gente y la defensa incondicional de la verdad y la justicia tanto en América Latina como para el resto de los cinco continentes.

NO retiraremos la diestra ante cualquier gesto de buena vecindad con un Norte que,- al menos para el caso de Cuba y a la luz publica, – decidió cambiar el mazo por el dialogo respetuoso y cordial pese a las diferencias, pero nos mantendremos atentos a cualquier propósito de oportunismo y mala fe.

Ahora mismo pareciera levantarse la voz del Titán de Bronce con una alerta hecha en tiempos de la metrópoli española y que nunca, ni en los mejores tiempos por venir, debiéramos olvidar: “…De España nunca esperé nada, siempre nos han despreciado, y sería indigno que se pensase otra cosa; tampoco espero nada de los Estados Unidos: es preferible subir o caer por nosotros mismos que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

De pensamiento será la contienda que ahora se avecina, la ganaremos a pensamiento, con la firmeza de nuestras ideas y la bandera de la estrella solitaria iluminada por el Sol de la libertad, ella sola, sobre lo más alto del Morro.

 

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